
‘Tres casas’ de Jeissy Trompiz explora una Venezuela en la periferia
Puntos clave
- Jeissy Trompiz dejó Maracaibo en 2014 y pasó seis años fuera antes de regresar a una Venezuela transformada.
- El documental "Tres casas" funciona como una carta en video sobre las comunidades afro e indígenas marginadas.
- La producción enfrentó graves riesgos de seguridad, incluyendo la persecución política y la amenaza de mafias locales.
- El proyecto fue seleccionado en el foro de obras en desarrollo del Festival de Cine de Vancouver.
Durante un tiempo, la respuesta estándar del cineasta Jeissy Trompiz cuando su amigo brasileño le preguntaba sobre Venezuela era simple: "No sé qué decirte". Trompiz había abandonado Maracaibo, la ciudad petrolera donde creció, en 2014 para estudiar cine en la Escuela Internacional de Cine y Televisión de Cuba, justo antes de que las crisis económicas y políticas del país se agudizaran por completo. Su trayectoria continuó con una residencia en Italia, la realización de cortometrajes en Cuba e Indonesia, y finalmente su radicación en la República Dominicana en 2019.
A causa de la pandemia mundial y los persistentes problemas para renovar su pasaporte, Trompiz permaneció alejado de Venezuela durante unos seis años. Al retornar finalmente, se topó con un país drásticamente cambiado que le costaba comprender y explicar, incluso a sí mismo. El impacto emocional de la visita fue demoledor; describió la situación como profundamente triste y chocante, encontrando inevitables paralelismos con Cuba, otra nación sumida en crisis prolongadas. Este reencuentro funcionó como un catalizador que le otorgó la perspectiva necesaria para hablar de su tierra a través del arte.
Ese proceso dio origen a "Tres casas", un documental concebido como una larga carta en video dirigida a su amigo en Brasil, cuyo proceso de creación ha sido descrito por el propio director como una forma de "terapia". La película indaga en una faceta compleja de la realidad nacional, centrándose en una Venezuela donde las comunidades afro e indígenas ocupan un lugar en la periferia de la periferia. A través de esta mirada íntima, la obra analiza la fractura social y las condiciones de vida de los sectores más vulnerables en medio de la crisis generalizada.
El desarrollo del documental ha estado marcado por importantes desafíos logísticos y de seguridad. Trompiz lleva cuatro años trabajando en el proyecto, impulsado por una urgente necesidad de contar estas historias. En las etapas iniciales, filmó de manera improvisada en las calles usando un teléfono móvil, pero los temores por su seguridad obligaron a detener esta práctica. Su madre había participado en la promoción del movimiento opositor, lo que la convirtió en blanco de acusaciones, pérdida de su empleo público y el encarcelamiento de allegados cercanos.
Además de la vulnerabilidad política, la presencia de mafias locales y la extorsión sistémica representaron constantes amenazas para la seguridad y la producción del documental. Por esta razón, Trompiz tuvo que abandonar el registro callejero con cámaras visibles para evitar represalias contra él y su familia. A pesar de estos considerables obstáculos, el proyecto ha obtenido validación internacional al ser seleccionado en el Business Hub Works-In-Progress Forum del Festival de Cine de Vancouver, consolidando la relevancia de la mirada de Trompiz.
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